lunes, 18 de junio de 2012

DESEOS CULPABLES




Ambientada en la ciudad de New York, Deseos culpables (Shame), del cineasta Steve McQueen,  nos trae la historia de Brando (Michael Fessbander), soltero treintañero que conduce una vida de exceso sexual, con encuentros casuales, abundante pornografía hardcore y onanismo compulsivo. Con todo, esta vida libertina será trastornada por la llegada de su hermana Cissy (Carey Mulligan), cuya presencia creará una tensión progresiva en el ánimo de Brando. Aventuremos la siguiente interpretación: la angustia de Brando se genera de su horror inconsciente al incesto.

En su penetrante ensayo Tótem y tabú, Sigmund Freud se preguntaba por qué numerosas tribus primitivas alrededor del mundo se imponían las más severas restricciones para regular las relaciones entre los individuos pertenecientes al grupo totémico (animal totémico) y, por consiguiente, evitar las relaciones incestuosas entre estos. La respuesta para Freud es ineluctable: estas personas se sienten más tentados a quebrantar la prohibición. La génesis de este horror al incesto estribaría en el sentimiento de culpa de los hijos por haber asesinado al terrible padre primordial, progenitor primitivo en la evolución de la raza humana. Ellos habrían acordado no pelearse entre sí, pero el precio a pagar sería un sentimiento de culpa y la represión del deseo al cuerpo de la madre. Esto se garantizaría con el desarrollo del super-yo en la psiquis del sujeto, suerte de voz interna que vigila los actos y pensamientos, algo así como la cabeza enorme flotante de la madre del personaje interpretado por Woody Allen en Historias de New York, que todo lo ve y en todo momento interpela al sujeto.  En cualquier caso, esto habría contribuido al nacimiento de la cultura.

Casi veinte años después, en El malestar en la cultura, Freud hacía hincapié en la ambivalencia que caracteriza la naturaleza de la humanidad. Parte de la tesis del padre del psicoanálisis es que la cultura le exige al individuo reprimir constantemente sus instintos, los agresivos y los sexuales, entre ellos: “si la cultura impone tan pesados sacrificios, no sólo a la sexualidad, sino también a las tendencias agresivas, comprenderemos mejor por qué al hombre le resulta tan difícil alcanzar en ella su felicidad. En efecto, el hombre primitivo estaba menos agobiado en este sentido, pues no conocía restricción alguna de sus instintos” con atinado instinto, Freud previó los posibles ataques recalcitrantes a su tesis, lo que le llevó a la siguiente contraargumentación: “… pues a quienes creen en los cuentos de hadas no les agrada oír mentar la innata inclinación del hombre hacia <<lo malo>>, a la agresión, a la destrucción y con ello también a crueldad” Estemos de acuerdo o no con la polémica teoría cultural de Freud, ésta  nos proporciona un marco de ideas para interpretar el filme de Steve McQueen.

El filme se inicia con la cámara fotografiando a Brando desde un ángulo cenital, nivel que nos permite contemplarlo desde una posición endiosada, con compasión ante su inmovilidad y aislamiento. Este elemento inicial enmarca nuestra mirada hacia el protagonista. McQueen prosigue ahora enfatizando la rutina matinal de Brando e introduce a Cissy como una voz en el teléfono que palpamos como una amenaza a la vida del protagonista por tres razones: a) aparece de forma recurrente, b) no la identificamos con ningún cuerpo y c) la cámara se ha centrado en el teléfono, lo que indica que es un elemento relevante en la historia que se desarrolla.

 Una noche, luego de unas copas y de tener sexo con una desconocida al salir de un bar, Brando descubre que en el baño de su casa se encuentra alguien, pero al entrar dispuesto a golpear al invasor  con un bate, encuentra a su hermana desnuda en la ducha. Un detalle irónico de este segmento es que al fondo suena el coro del tema I want your love, de Chic, repitiendo “quiero tu amor”. Luego, la tensión anímica de Brando es evidente cuando evita cualquier roce con el cuerpo de la hermana e, incluso, el contacto visual. En otro momento del filme, Mientras Cissy se acuesta con el amigo y jefe de Brando, éste, tras un momento de angustia, decide bajar a trotar en mitad de la noche neoyorkina. Esta acción podría considerarse como una sublimación, es decir, un desplazamiento del instinto sexual hacia una actividad cultural. De acuerdo a los psicoanalistas, sublimar evitaría un estado neurótico.

Conviene fijarnos en que Brando falla cuando se le presenta la oportunidad de mantener una relación seria con una compañera de trabajo. Siguiendo con la tesis planteada al principio, opino que él no puede entregarse completamente, puesto que su verdadero amor es la hermana. Por otra parte, durante la cita con aquella mujer, Brando se comporta torpemente y sus palabras podríamos tacharlas de infantiles. En la que acaso es la más clave de las conversaciones de este filme, enmarcada con una evidente carga erótica, Cissy le reprocha a Brando que él siempre se moleste con ella sin que ella tenga noción del porqué;  Brando responde que ella siempre lo arrincona y lo atrapa, y en tanto ella insiste en la relación entre hermanos, él se desentiende de esto y le pide que se marche de su apartamento. Después de este incidente, Brando se arroja a experimentar relaciones sexuales grupales, homosexuales y a provocar que lo agredan, mientras que la voz de Cissy vuelve a acechar por doquier. La actitud de Brando es la del sujeto culpable que reclama ser castigado.

Observando la vida de desenfreno del protagonista, pensamos que todo esto sirve de sustituto del verdadero objeto de deseo, ya que éste jamás podrá alcanzarse, siempre será elusivo para el sujeto deseante. Previo al cierre del filme, cabe fijarnos en dos segmentos: en el primero, Brando encuentra a Cissy bañada en sangre porque se cortó las muñecas; en el segundo, aquel se desploma en llanto bajo la lluvia enmarcado por un hermoso plano general que se funde, el cual, desde luego, acentúa para nosotros la aflicción y vergüenza del protagonista.

El incesto entre hermanos no ha sido pasado por alto como material literario. Una primera asociación la quiero establecer con el cuento ¿De verdad quieres que te diga?, de Héctor Torres, incluido en su libro El regalo de Pandora. Inspirado por Oficio puro, de Víctor Valera Mora, Torres cuenta la historia Valentina en dos momentos. Uno, intercalado, cuando su vecino intenta cortejarla con la pregunta de cuál es su defecto; el otro, que va más atrás y la muestra con Eduardo en la intimidad y avanza hasta la respuesta de la interrogante inicial cuando se encuentra a solas: “¿un defecto? ¿ser amante de mi hermano calificará? tú no eres moralista ¿o sí, galán?”

Ednodio Quintero también ha sacado provecho de este controversial tema. En su microcuento Venganza, el padre le entrega una escopeta a su hijo y le pide que se vengue de quien embarazó a su hermana, pero mientras el muchacho marcha en la búsqueda, sabemos que no regresará porque se sugiere que él mantuvo una relación incestuosa con la joven. Similar al cuento de Torres, la clave formal en la narración de esta historia es que la filtración de los motivos de los personajes ocurre al final.

En general, Deseos culpables es un filme que sabe contar una historia con imágenes;  que seduce con sus sonidos, como la versión a piano de New York New York, interpretado por la misma Carey Mulligan, y que cuenta con una representación vívida por parte de Michael Fessbander, quien ya conociéramos por sus sendas interpretaciones en Un método peligroso, de David Cronenberg, y X-men: primera generación, de Matthew Vaughn. Con buen arte, Steve McQueen sabe sugerir un tema que puede resultarnos áspero, aún cuando Freud, inhibido de prejuicios culturales, lo haya descrito como amor coartado en su fin. 
Publicado en el diario El periodiquito el sábado 16 de junio de 2012